viernes, 14 de junio de 2013

La abadía de Northanger.

Hace una mañana hermosa. Las tormentas, como el insomnio, no tienen importancia una vez que pasan.  
¡Qué hermosos jacintos! Es un flor que me gusta desde hace muy poco...  
¿Y cómo ha aprendido a gustar de ella, por casualidad o por convencimiento? 
Me enseñó su hermana. ¿Cómo? No lo sé. Mrs Allen procuró durante años inculcarme la afición por esos bulbos, y no lo consiguió. 
Las flores siempre me han sido indiferente, pero el otro día, cuando las vi en Milsom Street, cambié de opinión. 
¿Y ahora le gustan? Pues tanto mejor; así tendrá un nuevo motivo de placer. Ademas, está muy bien que a las mujeres les gusten las flores, porque no existe aliciente para salir a tomar el aire y hacer un poco de ejercicio. Y aun cuando el cuidado de los jacintos es relativamente sencillo, ¿quién sabe si, una vez dominada por la pasión hacia las flores, llegará usted a interesarse por las rosas? 
Pero ¡si a mi no me hacen falta pretextos para salir! Cuando hace buen tiempo, paso largos ratos fuera de la casa. Mi madre a menudo me reprocha el que me ausente durante tantas horas. 
De todas maneras, me satisface el que haya usted aprendido a amar los jacintos.  
Es muy importante adquirir el hábito del amor, y en toda joven la facilidad de aprender es una grata virtud.


-Jane Austen-

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