lunes, 26 de marzo de 2018

VUESTRO LÍBANO Y EL MÍO

Vosotros tenéis un Líbano vuestro y yo tengo otro mío. 
El vuestro es el Líbano político, con sus problemas. 
El mío es el Líbano de la naturaleza en su hermosura plena. 
Vuestro Líbano tiene programas y conflictos. 
El mío tiene sueños y esperanza. 
Estad contentos con vuestro Líbano, como yo lo estoy con el mío, con ese Líbano libre de mi visión. 
Vuestro Líbano es una trama enmarañada de cuestiones políticas que el tiempo trata de deshacer. 
Mi Líbano es una cadena de cimas y de montes que se alzan con reverencia y majestad hacia el azul del cielo. 
Vuestro Líbano es un problema internacional que aún está por resolver. 
Mi Líbano son los valles tranquilos y fascinantes, el murmullo de las campanas de una iglesia, los susurrantes arroyos... 
Vuestro Líbano es un enfrentamiento entre un enemigo del Oeste y otro del Sur. 
Mi Líbano es una oración con alas que revolotea por la mañana cuando los pastores sacan a pastar a sus rebaños, y también al ocaso cuando vuelven los campesinos de sus campos y viñedos. 
Vuestro Líbano es un censo de incontables cabezas. 
Mi Líbano es un monte sereno que se asienta entre el mar y la llanura, como un poeta entre una eternidad y otra. 
Vuestro Líbano es un engaño de zorro que lucha con la hiena, y una artimaña de hiena que lucha con el lobo. 
Mi Líbano es una guirnalda de recuerdos de muchachas alegres bajo la luz de la luna, y de vírgenes que cantan por la era y el lagar. 
Vuestro Líbano es una partida de ajedrez entre un obispo y un general. 
Mi Líbano es un templo en el que halla cobijo mi alma cuando le causa hastío esta civilización que avanza sobre ruedas rechinantes. 
Vuestro Líbano son dos hombres: uno que paga impuestos y otro los cobra. 
Mi Líbano es un hombre que apoya la cabeza en el brazo a la sombra de los sagrados cedros, ajeno a todo menos a Dios y a la luz del sol. 
Vuestro Líbano es el comercio, los puertos, los correos... 
El mío es una idea lejana, un cariño fogoso, una palabra divina que la tierra susurra en los oídos del espacio. 
Vuestro Líbano son los funcionarios, los empleados, los directores... 
Mi Líbano es la juventud que crece, el hombre maduro que resuelve y la edad de la sabiduría. 
Vuestro Líbano son representantes y comisiones.  
Mi Líbano es una reunión, una tertulia en torno al fuego en las noches de tormenta, cuando la nieva pura aclara la oscuridad. 
Vuestro Líbano son partidos y sectas. 
El mío es la juventud escalando rocosos montes, vadeando arroyos, vagando por los campos... 
Vuestro Líbano son discursos, conferencias y debates. 
El mío es el canto del ruiseñor, el susurrar de las ramas en los árboles, el eco de la flauta del pastor en la llanura... 
Vuestro Líbano son disfraces, ideas copiadas y engaños. 
El mío es la simple verdad desnuda. 
Vuestro Líbano son leyes, reglas, documentos y cartas credenciales de diplomáticos. 
El mío está en contacto con los secretos de la vida, que conoce sin saberlo; mi Líbano es una ansia cuya sensible punta llega al extremo más distante de lo oculto, creyendo que es un sueño. 
Vuestro Líbano es un anciano ceñudo que se mesa la barba pensando solo en sí mismo. 
Mí Líbano es un muchacho erguido como una torre, sonriente como el amanecer y que piensa en los demás tanto como en sí mismo. 
Vuestro Líbano aspira a separarse y al mismo tiempo unirse a Siria. 
Mi Líbano no se separa ni se extiende ni se empequeñece. 
Vosotros tenéis un Líbano vuestro y yo tengo otro mío. 
Vosotros tenéis un Líbano con sus hijos y yo tengo el mío con sus hijos. 
Pero, ¿quiénes son los hijos de vuestro Líbano? 
Permitidme que os enseñe su realidad. 
Son aquellos cuyas almas nacieron en los hospitales de Occidente, cuyas mentes se despertaron en el regazo de los avaros que representan en papel de generosos. 
Son como ramas flexibles que se mecen de izquierda a derecha. Tiemblan desde que sale el sol hasta que se pone, pero no saben que lo hacen. 
Son como un barco sin mástil y sin timón en el que chocan las olas. Su capital es el escepticismo y su puerto un cueva de duendes. 
Pues, ¿no son cuevas de duendes todas las capitales de europeas? 
Estos hijos del Líbano son fuertes y elocuentes entre ellos, pero ante los europeos se muestran silenciosos y débiles. 
Son libres y ardientes reformadores, pero sólo en los periódicos o en las tribunas. 
Croan como ranas y dicen: ¨Nos estamos librando de nuestro antiguo enemigo.¨ Pero su antiguo enemigo está dentro de sus cuerpos. 
Marchan en los cortejos fúnebres cantando al son de las trompetas, pero lanzan lamentos y se rasgan las vestiduras en las cabalgatas nupciales. 
No conocen más hambre que la del bolsillo. Si se encuentran con alguien que tiene hambre espiritual, se apartan de él diciendo: No es sino un espectro que anda en un reino de fantasmas. 
Son como esclavos que se consideran libres porque han sustituido sus grilletes oxidados por otros nuevos y relucientes. 
Ésos son los hijos de vuestro Líbano. ¿Alguno de ellos es tan firme como las rocas del Líbano, tan noble como los montes de Líbano, tan limpio y fresco como la brisa vivificante del Líbano? 
¿Alguno de ellos puede mantener que su vida ha sido una gota de sangre de las venas del Líbano, o una lágrima de sus ojos, o una sonrisa de sus labios? 
Ésos son los hijos de vuestro Líbano. ¡Qué grandes son vuestros ojos y qué pequeños a los míos! 
Permitidme ahora que os muestre a los hijos de mi Líbano. Son los campesinos que convierten un terreno pedregoso en huertos y jardines. 
Son los pastores que llevan su rebaño de un valle a otro para que se reproduzcan y se multipliquen, y ofreceros así si carne para que comáis y su lana para que os vistáis. Los hijos de mi Líbano son los viñadores que pisan la uva para hacer buen vino. 
Son los padres que cultivan moreras y las madres que hilan la seda. Son los esposos que cultivan trigo y las esposas que forman gavillas. Son los albañiles y los alfareros, los que hilan y los que construyen campanarios. 
Son los poetas y los cantores que vierten su alma en nuevos versos. 
Son los que dejan el Líbano sin una moneda, para ir a otro país con el corazón repleto de entusiasmo y la decisión de volver con las manos llenas de la prodigalidad de la tierra y la frente adornada los laureles de la victoria.  
Son los que se adaptan a su nuevo medio y se les aprecia donde quiera que vayan. Éstos son los hijos de mi Líbano, antorchas que nunca se apagarán, sal que nunca puede echarse a perder. 
Caminan con paso firme hacia la verdad, la belleza y la perfección.  
¿Qué heredará el Líbano y sus hijos de vosotros sino hipocresía, falsedad y estupidez? 
¿Creéis que el aire recogerá los espectros mortuorios y el aliento sepulcral? 
¿Imagináis que la vida esconde su cuerpo con harapos? De verdad os digo que el retoño de olivo que el campesino plantó al pie de la montaña durará más que nuestras realizaciones y que vuestros actos. Y que el ardo de madera tirado por una pareja de bueyes a través de las mesetas del Líbano es mas glorioso que vuestras esperanzas y ambiciones. 
A vosotros os digo ─y pongo la conciencia del universo por testigo─ que la canción del hortelano en las laderas del Líbano es más valiosa que el parloteo de vuestros notables. 
Recordad que no sois nada. Pero cuando descubráis vuestra pequeñez, mi aversión hacia vosotros se convertirá en simpatía y en cariño. ¡Qué pena que no me entendáis! 
Vosotros tenéis un Líbano vuestro y yo tengo otro mío. 
Vosotros tenéis un Líbano con sus hijos. Si os hacen felices las burbujas que sólo tienen aire, contentaos con ellas. Pero yo me siento feliz y contento con mi Líbano. Y la relación que mantengo con él es una mezcla de dulzura, satisfacción y serenidad.